derrapando

Entonces este sujeto me decia:

–Tú tienes que ser el dueño de tu vida, tú sabes, ese pequeño juego. Tú debes controlar tus emociones sin atrofiarlas.

Y sus manos se movian como si quisiera decirme que está ahogandose.

–Entiendo, claro.

Esas manos… Ahí, casi sobre el pecho…

–¡Hey! Te necesitamos concetrado. No importa por lo que estes pasando. Son tiempos dificiles, y nos jugamos una parada brava.

–Si, lo se…

–Entonces, ¿por qué carajo no actuas como si lo supieras?

Esto es una pérdida de tiempo, tengo que terminar lo que estaba haciendo, y ni siquiera puedo recordar su nombre.

–¡Hey! ¡Hombre! Necesitamos que vuelvas. Estamos juntos en esto. ¿Está bien? Ahora debo irme.

El teléfono sonando. La sala vacia. Es mi llamada.

–Hola. –dije sin ser yo el que estaba al mando.

–Hola, ¿cómo estas? Soy yo, no se nada de vos hace un tiempo…

–Nadia… –la interrumpí.

Ella estaba totalmente abierta, como si esperara algo.

–Nadia, necesito verte, no puedo seguir por acá. Esto no es mas que un juego, si no puedo verte a la cara, no puedo conectar.

Un poco de silencio.

–Esta bien.

–Mañana por la noche voy a pasar por tu casa, ¿está bien?

–Si, no hay problema.

–Bien, debo seguir con el trabajo, ¿ok nena?

–Si, hasta pronto. –ella contesto.

Realmente necesito probar algo de la dulce Nadia. Escapar en ella, por un momento. Quiero jugar con ella. Ahora bien, debo resolver esto.

–Tal vez alguien tiene que enfrentarse con vos para que despiertes. –Así entraba el hombre que parecia seguro.

–Vamos, parate, dale. –continuaba.

Me dedique a mirarlo por unos instantes, directo a los ojos siempre, aunque me costaba trabajo obviar lo ajustada que estaba esa corbata. ¡Liberate hombre!

–¡Oh! Esta bien, en otra oportunidad será. –parecia finalizar su monologo.

Ok, ¿donde estaba? Si, ahora recuerdo, estaba dejando éste lugar.

· · ·

Nunca pense que tomar el volante iba a resultarme tan placentero. Es cuando todo comienza a fluir.

Siento que tengo que estar en otra parte.

· · ·

Mas de treinta minutos habian transcurrido en la ruta.

Tal vez fue la intensa lluvia, tal vez aquel animal, pudo ser el coche barato o tener la cabeza en otro lado como consecuencia de una introspección tan severa, buscando la pregunta que debias hacerte. Como sea, estas derrapando fuerte y afuera.

Estabas pensando fuerte, hurgando fuerte. Te metiste de cabeza en una montaña de recuerdos y supuestos. Los neumaticos comenzaron a decidir una nueva ruta, motivados por el colchón de agua que los aislaba del pavimento.

Todavía no volves, la radio sigue sonando, el bueno de Bruce Springsteen habla sobre bailar en la oscuridad. Tu mano izquierda se ladea hacia la izquierda, suavemente, como acompañando un movimiento; ahora hacia la derecha, vuelve al centro. Crees encontrar algo, algo en vos, con la consistencia de una pregunta, el alerta comienza a propagarse de adentro hacia afuera, subiendo capas. Pero, un momento, ¡es solo una alerta! ¡Te das cuenta! Tu mirada se levanta, ves unas gotas gordas sobre el parabrisas, se iluminan, te quedas ciego por un momento, como ocurre a veces con el flash. Un gran ruido.

Sentis el sabor de la sangre, y del metal, oles al frio, y estas totalmente mojado. No hay mas música, solo el ruido de las gotas, martillando el suelo. Tu cabeza se tambalea un poco, izquierda y derecha. Mantenes la derecha, te concentras en un punto, haces foco. Seguis buscando. Tenes que traer la pregunta, ¡tenes que escucharla por dentro!.

Muy tarde, estuviste corriendo en el infierno, y derrapaste afuera.

posted : Thursday, March 11th, 2010

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