confundir
El ruido del viento precipitarse al mar, sobre aquel cabo, era lo que envolvia a los pensamientos.
—¿Por qué lo hizo? —Se preguntaba Javier.
—¿Qué lo llevo a eso?
—Vos me dijiste que venga hasta éste lugar, ahora decime, ¿qué queres?
—Acá mataban indios, ¿sabías? —Dice Gabriel.
—Y la misión está tan cerca, es una contradicción. Una de tantas. —Mira de reojo a Javier, siempre mira de reojo, el viento sopla fuerte, y lleva los ojos entreabiertos, como de costumbre.
—Él me dejo una carta, y me pidió que te la diera a vos, acá, él queria que me la leas. —Parece quebrarse, mientras mete la mano en su bolsillo, buscando el papel.
—No puedo creer a este hijo de puta, se borró por años, vuelve, hace un quilombo con mi vida, con la de Maria, se muere, y ahora esto. —Dice, increpando al aire, Javier.
—Yo quiero irme de acá. Éste lugar no me gusta, mirá, la marea esta subiendo. —Gabriel, pone el papel entre las manos de Javier.
—No puedo creer esta mierda, no puedo creer que me hayas llamado por esto. Pero vos estas solo, y con Maria nos vamos, bien lejos.
—Voy a cumplir con el pedido del viejo, y vos te vas a arreglar. —Dice Javier, dando la última mirada a Gabriel, la previa a leer.
¿Qué pasa cuando te persiguen viejos fantasmas? Fantasmas de preguntas, preguntas que tienen muchas respuestas y que su juego es confundirte, generar sensaciones, aprovechando las que están como la llama que se propaga en el combustible.
¿Acaso hay un incendio? ¿Algo arde por dentro? Tal vez es solo humo. Lo seguro es que, preguntas y respuestas como estas, son parte de ese infiltrado, esa sensación totalmente ajena a la que tendría que tener… Todas son producto de él. En momentos así podrías sentirte un poco afligido, un poco desaminado, concentrando energías en el lugar incorrecto; estás en un lugar, digo, fisicamente, pero tu cabeza está en otro. Lo que queres y por lo que deberías ser feliz no esta allí, quiero decir, sigue estando, pero ya no está siendo apuntado por tu corazón, alguien, ¡algo!, cambió el enlace y ahora… Ahora, ¿donde crees que estás?
Fisicamente, es muy probable que te encuentres solo, porque queres tener tranquilidad para poder escucharte; ahora tomaste una decisión, queres pelear, buscar (otra vez) en lo profundo a ese que no tiene que estar ahí. Pero, ¿qué tiene de diferente esta vez?. Siempre te sumergis en vos, a veces buscas, otras perdes el tiempo y en algunas pocas, incluso llegas a encontrarte con él. Es increíble esto, pero lograste diferenciar estos momentos aunque sean iguales… Estoy fuera de tema.
Es casi “contagioso”, la confusión se propaga por todos lados, como si fuera parte del aire que respiro; creo perderme cuando escribo esto, pero él me dice que no me resista, que para poder “jugar” con ella tenemos que dejarnos llevar por la confusión, así como en un océano de noche cerrada podes tener negro y azul o sino un solo tinte al unísono; y nuestra mente nos comienza a preguntar…
En un escenario tan claro y definido, comienzan a surgir miles de enemigos, pequeños y extraños, se multiplican a cada segundo.
Bien, ahora que comienzo a perder la paciencia, creo que estoy penetrando en un nuevo lugar, una instancia a veces tan común como dudar en una elección o a veces tan problemática como el “por qué”, que acompaña esa decisión; estoy seguro, estamos bajo la confusión.