gotear
El ruido constante de las gotas que caen en tu fregadero, te dan una idea del tiempo que pasa, de hecho te marcan el tiempo, uno, dos, uno, dos…
Está sólo en el living del departamento, el cable no ofrece nada bueno por la madrugada. Realmente pensaba mucho en María, aunque era algo pasajero.
–Es solo por ahora –se repetía, o tal vez era el eco de un cuarto vacío.
–Por qué carajo no tengo mi reloj?
Entra a la cocina, se prepara un té. Calienta el agua mientras echa un vistazo afuera, por esa pequeña ventana.
Escuchá voces en el pasillo, llega una pareja, es al departamento vecino.
–Genial, un poco de compañía –murmura por lo bajo.
Cierran la puerta, puede escucharse el llavero chocar contra la puerta mientras la llave da vueltas.
–Estas puertas son realmente debiles, creo que de una patada puedo abrir cualquiera, y todos en este edificio tienen las mismas, tan endebles.
La canilla, tac, tac, tac…
La observa, sabe que está bien cerrada, y sabe que ya soluciono ese problema antes, sabe que depende de él, el fin de ese defecto, y sabe que no va a hacer nada.
Vuelve al living, mira el televisor. Da vuelta por algunos canales, encuentra una película. Un policial. Sabe como va a terminar, sabe que no va a mostrarle nada nuevo, sabe que no lo va a sorprender. Deja ese canal.
Otra vez en la cocina. El agua está hirviendo. Apaga el fuego. Sirve el agua, prepara la infusión. La deja ahí, camina hacia el living y se queda parado en el pasillo. Por un momento, mira la puerta, mira el picaporte; continua hasta el sillón. No se sienta, se queda parado al lado del sillón. Ahora los policias creen que están cerca del asesino, encontraron una buena pista.
Vuelve a la cocina, busca su té. Quita el saquito, y lo tira en la basura.
–Debería tirar la basura mas seguido –dice.
Vuelve al living, el picaporte no se mueve. Se dirige hacia el sillón.
–Espero que no haya ninguna araña –se recuesta con desconfianza.
Ahora el detective, recibe a la reportera en su departamento, un lugar amplio, sucio, que parece desaliñado.
Los vecinos están viendo algún programa politico, o algo asi, alguien trata de informar, verborragia, no para de hablar. Levanta levemente la mirada, en un rincón hay restos de una telaraña, lleva meses ahí, ninguna otra araña volvió a usar eso.
–Qué pérdida –dice.
Ahora escucha una voz femenina, es como un susurro, alguna vocal.
–Por lo menos alguien la pasa bien.
Ahora son golpes contra la pared, suaves, como tímidos, desaparecen.
Una joven muerta, primero violada, luego asesinada. El que perpetro el acto, es un tipo duro, de mirada inexpresiva, y que nunca consigue despeinarse. Los polis se encuentran desconcertados, todo lo que saben no sirve para nada. El detective está lastimado, también es un tipo reacio, pero confió y lo traicionaron en algo que no tiene relevancia, pero parece que tiene valores.
Un par de golpes, siempre suaves, un sonido un poco chillón, ahora si parece ser repetitivo, constante, algún que otro gemido, porque no son mas que eso.
Algún tiroteo tenia que pasar, aunque son pocas balas, raramente, el detective logra acercarse al asesino, lo sorprende, comienzan a pelear a puño limpio. El asesino es un ex-boxeador. Un recto por aca, un gancho por allá, sangre, ahora un rodillazo, empujones, forcejeo, un gemido, otro, éste un poco mas seco, mas grave, tal vez alguna mala pose, tal vez una entrada un poco torpe, o tal vez todo estaba premeditado, como una coreografía, “vos tenes que venir por acá”. Sí seguro, eso es.
–Pero dale! –dice, siempre hablando bajito.
–Claro, asi se escapa! –y se rie.
El té se terminó. Se levanta, va a la cocina, deja la tasa en la pileta. Mira por ese pequeño agujero hacia afuera, hacia el patio interno, solo se ve una pared, aun mas oscura en la noche.
Apaga la luz, y vuelve al living. Sabe que su final esta cerca, lo sabe porque el correr del dia asi se lo enseñó. Sabe que no puede salvarlo en la madrugada, que se acercó un poco mas a la muerte, solo por no intentar.
–Creo que son los últimos golpes –dice, aunque no le importa.
Se da vuelta, y va hacia su habitación, la maquina lo esperaba, un rectángulo blanco, pedia una historia, él mismo sentía un calor en el pecho, veia la oportunidad de salvarse en lo que podia hacerle a esa hoja.
Corre la silla, se sienta, duda por un momento, las manos no suben instantaneamente a la máquina. El principio nunca es claro, nunca lo fue, siempre sabía lo que estaba en alguna parte del nudo, o tal vez esa era su nueva costumbre. Eso es lo que piensa.
Comienza a escribir.