Cuando le preguntaron al excéntrico escalador que sentía sobre el muro:
– Trato al muro como a un desconocido – Me dice mirándome a los ojos. Como ejercitando la mímica de conocerme.
Continua.
– Es decir, lo trato con inocencia y respeto. Hay algo increible en ese primer acercamiento.
Mueve sus manos frente a su pecho, palmas hacia afuera, dedos abiertos. Incluso por un momento se pueden ver las marcas en las manos, los callos y los restos del muro mezclados con el magnesio.
– En ese primer contacto, me gusta disfrutar, sentir cada parte como nueva, cada lugar. Es decir hay millones de similitudes con el pasado, con otras experiencias, pero solo aparece eso si le doy lugar, si lo pienso asi. En cambio, si me acerco de forma inocente, cada movimiento es goce, cada gesto me atrapa mas, me intriga mas. Quiero recorrerla.
La mirada ahora se pierde en un breve silencio.
– Pero, también esta el respeto. Lo veo como una forma de querer, de ir despacio, con precaución, reconociendo en el movimiento, en la secuencia, reconocer a lo que estaba antes de uno. Reconocer los peligros. Si tomamos la ruta equivocada, bueno, todo puede terminar mal. Todo en un instante. Eso es seguro.
– Pero siempre quiero volver a sentir. Creo que siempre buscamos y me da gusto ser consciente de lo que pasa. Y olvidarme mientras pasa, tambien. Es…
Una de sus manos junta los dedos, como si tuviera algo. Esa mirada perdida por un momento parecía haber encontrado.
– Voy de nuevo, espero que esto te haya servido. Cuidate.
Todos estan buscando, pero algunos creo que estan mas al tanto de esto que otros.